Hace unos meses descubrí por el mundo Twitter un “hastag” que no me dejó indiferente: #UnidosVSMagisterio. En él numerosos estudiantes despreciaban la carrera de magisterio haciendo comentarios aludiendo a lo fácil que es y que cualquiera que no tenga muchas ganas de estudiar podría acabar siendo maestro. Estos comentarios tenían parte de razón en su contenido (desde luego, no en las formas) pues, desgraciadamente, las cosas en este país, cada día más surrealista, son así, y lo peor es que no nos damos cuenta de la magnitud del problema.

          Estamos hartos de oír que en los famosos informes de PISA de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) los españoles somos siempre de los últimos de la cola. Estos informes destacan el fracaso de los alumnos españoles en materias como la lectura, las matemáticas y las ciencias. ¿Cuál es el verdadero problema de la educación en España? ¿Dónde está la solución?

         Si viajamos a unos 3.000 km al norte, encontraremos un frío y gran país llamado Finlandia. Allí todo es muy diferente con respecto a España, pero una de las diferencias destacables es su sistema educativo. Desde los 7 hasta los 15 años, los estudiantes finlandeses asisten a 1.605 horas lectivas menos que los españoles. Y mientras que en Finlandia los deberes en casa les ocupan media hora diaria, en España trabajan con tareas escolares alrededor de 2 horas cada día en el hogar. Ahora bien, un adolescente medio en Finlandia terminará la secundaria con excelentes notas, hablando inglés a la perfección y leyendo un libro por semana. Esto es lo normal para un finlandés. Sin embargo, un adolescente medio español, acabará sus estudios secundarios obligatorios (si no los abandona) aprobando por los pelos, chapurreando cuatro palabras en inglés y sin el menor interés por la lectura.

        ¿Dónde está el secreto finlandés? Para empezar, en Finlandia se invierte mucho más dinero en educación del que se invierte en España, pero, a mi parecer, lo más importante y destacable es la figura del docente. A diferencia de España, ser maestro en Finlandia implica un gran prestigio y reconocimiento social, por lo que la mayoría de sus estudiantes, entre ellos los más dotados, tratan de acceder a la carrera de magisterio, algo que solamente una minoría consigue. Para acceder a dicha carrera, los alumnos deben superar el nueve como nota media de bachillerato y de la prueba de acceso; además, cada universidad hace un proceso de selección que incluye pruebas de lenguaje, matemáticas, aptitudes artísticas, nuevas tecnologías y entrevista personal. La carrera requiere 6 años de estudio y la asignatura central es la Pedagogía, esencial para hacer de los profesores finlandeses unos expertos en el arte de enseñar.

        En España, las cosas no son así. Los aspirantes a futuros maestros sólo han de aprobar el acceso a la universidad y, por supuesto, las notas para acceder a magisterio son mucho más bajas que en Finlandia. No es difícil encontrar alumnos de magisterio sin vocación ni motivación, que solo entraron en la carrera porque no consiguieron nota suficiente para comenzar otros estudios y porque es “fácil”. Desde luego, más fácil que en Finlandia.

      Por otra parte, los profesores españoles de secundaria son titulados en carreras que no están orientadas en el camino de la docencia. Eso sí, posteriormente realizan un máster de un curso de duración que les permite ejercer como tales. ¿Realmente una persona puede aprender algo tan complejo como ser docente en 9 meses escasos? En mi opinión, debería de requerir más tiempo y esfuerzo. Más adelante se presentan a una oposición, un examen duro pero que quizás no seleccione a los mejores candidatos: profesores sin vocación que dan clases aburridas porque consiguieron su plaza gracias a este examen y profesores realmente excepcionales que quedan fuera. No es justo.

       Nada más lejos de la realidad, podemos escuchar cada día en España comentarios despectivos referentes a la figura del docente tales como: “¿profesores?, ¡esos sí que viven bien!” o “tienen muchísimas vacaciones, se quejan de vicio”. La concepción española del docente deja mucho que desear. ¿Acaso no hay profesores que se desviven por sus alumnos?, ¿no hay maestros que llegan a casa y siguen echando horas para preparar las clases y todas esas actividades extra escolares que tanto gustan? Sin ellos, quizás no serías capaz ni de entender esto que estás leyendo. Son los buenos docentes, aquellos bien preparados y que decidieron convertirse en ello por vocación, los que mejoran la sociedad.

       Así ocurre en Finlandia donde, en lugar de “marear la perdiz” con tanto cambio de LOGSE, LOE y LOMCE, tienen un pacto de estado. Esto quiere decir que gobierne el partido que gobierne, la educación es lo más importante de todo y, por tanto, intocable. Además, el gobierno finlandés se encarga de que sus profesores estén lo más preparados posibles para ejercer como tales.

       El modelo finlandés parece lógico: la educación es la base de toda sociedad, por tanto, son las personas más preparadas las que imparten la docencia. Parece que en España no nos damos cuenta de la importancia del maestro. Es sobre su formación donde se deberían aplicar las reformas para obtener docentes brillantes que se hagan respetar. No se puede empezar una casa desde el tejado, los finlandeses lo saben, y mientras los españoles no los imitemos, no nos quedará otra que hacer cola, tanto en el informe de PISA como en el INEM.

“I have come to believe that a great teacher is a great artist and that there are as few as there are any other great artists. Teaching might even be the greatest of the arts since the medium is the human mind and spirit” Join Steinbeck, escritor americano

(He llegado a la conclusión de que un gran maestro es un gran artista y que hay tan pocos como pocos grandes artistas hay en otros ámbitos. Enseñar es incluso la más grande de las artes ya que el medio es la mente y el espíritu humanos).

 

Elena Ruiz García, 2ºBachillerato