¿Hay algo mejor que pasar los días de verano en la playa? Sí, pasarlos en un CAMPUS CIENTÍFICO. Y eso hice yo del 12 al 18 de julio.

Gracias a la profesora Inma, me enteré de que ofertaban becas para poder participar en estos campus y con la ayuda de mi tutora Magdalena presenté mi expediente y demás papeleo. Alrededor de un mes después salieron las listas y… sí, me lo habían concedido. Haría el proyecto de “Ingeniería genética: corte y confección de DNA” en la Universidad de Málaga.

Así que el domingo 12 ya estaba yo allí en Málaga, pasando calor pero muy ilusionada. Todos los alumnos participantes nos hospedábamos en una residencia cercana a la universidad. La misma tarde en la que llegamos ya nos conocimos todos. Había gente de toda España: Galicia, Cuenca, Toledo, Asturias, Salamanca, Albacete, Valencia… y muchos  andaluces: de Córdoba, Sevilla, Jaén, Granada, Cádiz y Málaga. Eran todos muy simpáticos y al conocernos nos dimos cuenta aliviados de que no estábamos rodeados de “cerebritos” expertos en el Universo o en física cuántica, sino que éramos gente… “normal”.

El campus Andalucía TECH (Universidad de Málaga) acogía cuatro proyectos: “Ingeniería genética: corte y confección de DNA”, “Interacciones planta-ambiente: aclimatación anatómica y funcional al ambiente en hojas de hiedra y en algas marinas de charcas litorales”, “¡Construyamos un robot!” y “Cambio climático en el sur de España: del monte al laboratorio”.
IMG-20150715-WA0009Cada día nos levantábamos e íbamos a la universidad (algunos de los otros proyectos también realizaron tareas de campo en el monte o la playa). En el proyecto de “Ingeniería genética”, las mañanas consistían en trabajo práctico en el laboratorio, tras una pequeña explicación. Al principio todos estábamos un poco torpes pipeteando microlitros (µl) y asustados pensando que con cualquier fallito íbamos a aniquilar todo el material genético. Pero poco a poco íbamos cogiendo práctica y nos sentíamos como verdaderos científicos, con la bata y los guantes de látex como parte de nuestro look. Las clases las impartía el Dr. Javier Ruiz-Albert, profesor de genética, con la ayuda de José Rufián, investigador de doctorado, ambos biólogos. Pudimos conocer las instalaciones de la Universidad de Ciencias, incluida la sección de microscopía donde nos quedamos muy impresionados al poder utilizar un microscopio electrónico.

Durante la semana realizamos una extracción y visualización de ácidos nucleicos utilizando las técnicas de electroforesis y cracking. En esta extracción obtuvimos  plásmidos de bacterias, hicimos una ligación introduciendo un gen de interés en ellos, habiéndolos cortado con enzimas de restricción. Preparamos un caldo de cultivo donde crecieron colonias de bacterias a las que habíamos introducido los plásmidos modificados y así terminamos la técnica del DNA recombinante. También hicimos una práctica para ver si éramos sensibles a la fenitiocarbamida. La detección de su sabor amargo depende del gen PTC y son sensibles a este los que tienen alelo dominante. La mayoría eran heterocigóticos y la única homocigótica recesiva fui yo, así que nunca podré saber cómo sabe. Para ver el genotipo hicimos una PCR y un cracking.

El último día hicimos una exposición explicando todo lo que habíamos hecho a los compañeros de los demás proyectos, al igual que pudimos conocer lo que ellos habían realizado. Aprendimos muchísimo y todos nos quedamos con ganas de más.

Por la tarde hubo diferentes actividades: clases algunos días, otro tuvimos tarde de juegos de mesa, que fueron verdaderamente apasionantes (alguno casi acaba en el hospital). También pasamos una tarde de turistas por Málaga: visitamos el “Centro Pompidou de Arte Moderno”, la Alcazaba y la Catedral de Málaga; otra fuimos al “Centro de Ciencia Principia”, y el viernes, como despedida, pasamos toda la tarde en la playa. Además, por las noches hacíamos toda clase de juegos preparados por las monitoras: “Pasapalabra científico”, “Pictonary”, “Tabú”, karaoke, chistes, baile… y todo con mucha guasa andaluza. La invitada especial de la semana era una piedra que íbamos pasando secretamente y a la que le cogimos mucho cariño.

Y para desarrollar nuestra faceta creativa, la universidad convocó un concurso de fotografía, vídeo, dibujo y relato. Me presenté al de relatos y conseguí ganarlo, recibiendo como premio una cámara y dos tarjetas de memoria.

  IMG-20150719-WA0030 Lo peor fue la despedida: muchos abrazos y alguna que otra lagrimita. Pero nos quedamos con la experiencia, con unas mil fotos, con los grupos de WhatsApp, con grandes amigos y sobre todo… con la CIENCIA.

 

 

Amaia Sanchis Ballester

 

APORTACIONES DE LOS CAMPUSEROS

MI PIEDRA QUERIDA

 

Fue una semana estupenda,

pero el tiempo pasa,

y aunque me duele recordarlo,

me lo han pedido, tengo que hacerlo.

 

Nos avisaron de tu presencia,

de tu costumbre de vagar de mano en mano

anunciada por una pregunta traicionera,

por una respuesta despistada.

 

¿Dónde estás? Ya no te veo.

¿Y tu rugosa superficie? ¿Y esa carita sonriente?

¿Y el tono gris de tu hermosa piel?

Están lejos, amor, porque tú también lo estás.

Y te echo de menos, oh, ¿no lo ves?

 

Pasaba el tiempo, y no aparecías.

Yo no quería conocerte, pero sí una amiga.

Y aunque nadie te había visto nunca, al menos no todavía,

yo sabía que no era mentira, que sí existías.

 

Y un día sucedió, cuando estaba rodeada de gente.

Me hizo una pregunta una chica, de manera muy inocente,

y yo sin darme cuenta respondí una palabra prohibida

Y de repente, te depositó sobre mi mano, algo cohibida.

 

¿Dónde estás? Ya no te veo.

¿Y tu rugosa superficie? ¿Y esa carita sonriente?

¿Y el tono gris de tu hermosa piel?

Están lejos, amor, porque tú también lo estás.

Y te echo de menos, oh, ¿no lo ves?

 

Yo flipando en colores (y en blanco y negro),

no pude ni pronunciar palabra.

Te notaba tan cerca, tan pesada,

como si yo de Frodo me tratara, y tú del anillo traicionero.

 

Pero pronto nuestro amor terminó porque,

confundiendo nuestra pasión con atracción inerte,

te entregué a otra mano más agradecida que la mía,

a un corazón más deseoso de tenerte.

 

¿Dónde estás? Ya no te veo.

¿Y tu rugosa superficie? ¿Y esa carita sonriente?

¿Y el tono gris de tu hermosa piel?

Están lejos, amor, porque tú también lo estás.

Y te echo de menos, oh, ¿no lo ves?

 

Ya ha pasado el tiempo, y no nos hemos visto desde entonces.

Pero aun así yo no he podido olvidarte, querida,

porque aunque fui una ilusa por no apreciarte,

mi amor por ti era real, y no una simple fantasía.

 

Y me muero, una y otra vez, cada vez que te recuerdo,

porque ahora estás lejos, tan lejos, que me duele el alma, la piel

y el corazón por tu amor, ese amor roto y abandonado

por el espacio que nos separa, ese amor cruel pero no olvidado.

 

¿Dónde estás? Ya no te veo.

¿Y tu rugosa superficie? ¿Y esa carita sonriente?

¿Y el tono gris de tu hermosa piel?

Están lejos, amor, porque tú también lo estás.

Y te echo de menos, oh, ¿no lo ves?

 

Probablemente tú ya me has reemplazado, ya habrás encontrado a otro.

Y aunque por dentro la duda me devora

como el tiempo devora cada vida

Yo aún te amo, amiga mía.

 

Y no te olvido, ni aunque pasen cien años,

ni aunque viva cien vidas.

Ni aunque me maten cien manos,

ni aunque mueran cien soles allí arriba.

 

Y aunque duela como mil fuegos ardiendo en mi garganta,

como mil súper novas explotando en mi alma,

lo haré, pronunciaré tu nombre una última vez:

mi corazón, mi alma, mi vida,

mi Piedra querida.

 

 

Paula Serrano Luján, conquense (cóncava para algunos), escritora frustrada, amante (obsesionada) de los gatos y el chocolate, y cantante en potencia.

 

 

 

HAIKUS CON MUSHO ARTE

 

Oh, piedra, piedra

te idolatro shiquilla

en plan de mucho.

 

¡Ay biología!

Qué asignatura más guay,

te quiero tanto…

 

Pipetas grises,

pipetas amarillas,

pa’ coger cosas.

 

Qué bellas puntas

de todos los colores

guardás en cajas.

 

 

Jaime Miguel Zapata, futuro biólogo, obseso de la música y poeta espontáneo.

 

 

 

Haiku es igual

a una simple poesía,

mas sin rimar.

 

Paula Serrano Luján.

 

Sabían que nada volvería…

Desde siempre sabían que estaban hechos el uno para el otro: él una citosina y ella una guanina. Compenetraban, eran totalmente complementarios… ¡la pareja ideal! Los unían unos electrostáticos puentes de hidrógeno que parecían tan inquebrantables como su amor. Pero la estabilidad de su vida desapareció cuando un día, sin previo aviso, sin poder despedirse, empezó a subir la temperatura y vieron como su amado nucleótido se alejaba de ellos. Los primers se pegaron al extremo 3′ y ya no hubo nada que hacer. Las nuevas “medias naranjas” comenzaron a llegar.

Él acabó con otra guanina y ella, con una timina, y con mutación de por medio.

 

(Microrrelato ganador del concurso)

 

Amaia Sanchis Ballester, científica loca y amante de J.S.Bach.